Marcelo Ebrard anticipó que Washington podría resolver durante la primera semana de agosto una investigación sobre sobrecapacidad industrial. México decidió llevar la siguiente ronda bilateral hasta septiembre para conocer primero el impacto sobre sus exportaciones.
México mantendrá en pausa durante agosto las negociaciones bilaterales de alto nivel relacionadas con la revisión del T-MEC, mientras espera que Estados Unidos defina si impondrá nuevos aranceles a productos manufacturados.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anticipó que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos podría dar a conocer durante la primera semana de agosto el resultado de una investigación iniciada bajo la Sección 301 de su legislación comercial.
El procedimiento analiza si México y otras 15 economías mantienen políticas o prácticas que provocan sobrecapacidad estructural y excedentes de producción en sectores manufactureros, lo que Washington considera perjudicial para sus empresas y trabajadores.
México quiere negociar con todas las cartas sobre la mesa
Ebrard explicó que el Gobierno mexicano prefirió no celebrar una nueva ronda durante agosto porque existe el riesgo de alcanzar avances en determinados asuntos y recibir, pocos días después, otra lista de aranceles estadounidenses.
La Secretaría de Economía busca conocer primero las tasas, los productos alcanzados, las posibles exenciones y el efecto real de las medidas sobre las exportaciones mexicanas.
El funcionario aclaró que no está anticipando necesariamente un “golpe” contra México, pero consideró indispensable conocer cómo quedará reorganizado el sistema arancelario estadounidense antes de definir la posición del país en la siguiente mesa de negociación.
Hasta este 31 de julio, la Oficina del Representante Comercial estadounidense no ha publicado una resolución final, una tasa específica ni una lista de mercancías mexicanas afectadas por la investigación de sobrecapacidad.
Por ello, todavía no puede afirmarse que los nuevos gravámenes serán aplicados, cuánto ascenderán o si las mercancías que cumplen con el T-MEC conservarán una exención semejante a la otorgada en medidas anteriores.
¿Qué investiga Estados Unidos?
La investigación fue iniciada el 11 de marzo de 2026 y examina las políticas de 16 economías: China, la Unión Europea, Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, Bangladesh, México, Japón e India.
Washington sostiene que la expansión de la capacidad manufacturera por encima de la demanda puede generar excedentes de producción, reducir los precios internacionales, desplazar fábricas estadounidenses y frenar nuevas inversiones dentro de su territorio.
La investigación también toma en cuenta indicadores como los superávits comerciales persistentes, la utilización limitada de plantas industriales y el crecimiento de sectores productivos orientados principalmente a la exportación.
La USTR recibió comentarios públicos y celebró audiencias durante mayo, en las que participaron empresas, cámaras industriales, gobiernos y organizaciones comerciales. La autoridad deberá determinar si las prácticas analizadas son recurribles bajo la Sección 301 y, en su caso, qué respuesta aplicará.
No es el mismo arancel aplicado por trabajo forzoso
Ebrard aclaró que Estados Unidos abrió dos investigaciones distintas mediante la Sección 301.
La primera evaluó si alrededor de 60 economías aplicaban de manera efectiva prohibiciones contra la importación de mercancías elaboradas con trabajo forzoso. Washington resolvió ese procedimiento el 23 de julio e impuso tasas de 10 o 12.5 por ciento, dependiendo de las medidas adoptadas por cada socio comercial.
México recibió una tarifa de 10 por ciento. Sin embargo, la Secretaría de Economía explicó que las mercancías que cumplen con las reglas del T-MEC quedaron fuera del gravamen, por lo que aproximadamente 85 por ciento de las exportaciones mexicanas conservó su acceso libre de arancel.
Además, la nueva tasa sustituyó otro gravamen de 10 por ciento que estaba por vencer. Según Ebrard, el cambio no modificó en términos prácticos el tratamiento efectivo que ya recibían los productos mexicanos fuera del acuerdo comercial.
La investigación pendiente es diferente: se concentra en la sobrecapacidad y los excedentes manufactureros. Sus alcances podrían ser más sensibles para México debido a la importancia de las exportaciones industriales dentro de la relación bilateral.
¿Qué productos podrían resultar afectados?
Estados Unidos todavía no ha divulgado una lista final de bienes ni ha confirmado que impondrá una tasa general para todas las mercancías.
La investigación comprende sectores manufactureros y podría derivar en aranceles, restricciones no arancelarias, compromisos negociados o exenciones para determinados productos.
El Gobierno mexicano deberá revisar si la medida alcanza industrias como la automotriz, siderúrgica, electrónica, de maquinaria o de componentes, aunque cualquier afirmación sobre productos específicos sería prematura mientras Washington no publique la resolución.
También será fundamental saber si Estados Unidos respetará las preferencias del T-MEC o intentará aplicar las nuevas medidas incluso a mercancías que cumplen con las reglas de origen regional.
La cuarta ronda será en septiembre
México y Estados Unidos celebraron del 21 al 23 de julio su tercera ronda bilateral relacionada con la revisión conjunta del T-MEC.
Las delegaciones abordaron seguridad económica, trabajo, agricultura, servicios de pagos electrónicos, acero, aluminio, productos derivados y automóviles. Al concluir los encuentros, Marcelo Ebrard y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, acordaron realizar la cuarta ronda en Washington durante septiembre.
La decisión permite que el equipo mexicano llegue a la siguiente reunión con mayor claridad sobre las barreras comerciales que enfrentará y las concesiones que podría solicitar.
Entre los puntos pendientes se encuentran las reglas de origen automotrices, los aranceles estadounidenses al acero, aluminio y vehículos, la integración de cadenas regionales y la estrategia de Norteamérica frente a productos procedentes de China y otros países ajenos al tratado.
México defenderá su condición preferencial
Ebrard ha insistido en que la principal ventaja de México dentro del nuevo escenario proteccionista es el T-MEC.
La mayoría de las exportaciones mexicanas continúa ingresando al mercado estadounidense sin pagar arancel cuando cumple con las reglas del acuerdo. Esta condición ha permitido que México conserve una tasa efectiva inferior a la aplicada a numerosos competidores.
El riesgo es que Estados Unidos utilice nuevas investigaciones comerciales para imponer barreras sectoriales que reduzcan gradualmente los beneficios del tratado, aun cuando el T-MEC permanezca formalmente vigente.
Por ello, México busca que la negociación de septiembre no se limite a atender diferencias técnicas, sino que establezca mayor previsibilidad para empresas, inversionistas y cadenas productivas.
Washington busca proteger su industria
La administración estadounidense ha convertido los aranceles en una herramienta central de su política industrial.
Su argumento es que los excedentes de producción extranjeros generan competencia desleal, presionan los precios y dificultan que las fábricas estadounidenses operen con niveles adecuados de capacidad.
Distintos sectores empresariales de Estados Unidos han respaldado medidas contra determinadas prácticas industriales, aunque otros han advertido que los aranceles también pueden elevar el costo de materias primas, fertilizantes, maquinaria y componentes utilizados por compañías estadounidenses.
La amplitud de la investigación genera incertidumbre porque no se concentra únicamente en China, sino que incluye a socios estratégicos como México, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur.
Agosto definirá el tono de la negociación
La resolución estadounidense podría determinar qué tan compleja será la cuarta ronda del T-MEC.
Un esquema que respete las preferencias regionales permitiría a México conservar su ventaja frente a competidores externos. Una medida amplia, en cambio, aumentaría la presión sobre las industrias exportadoras y obligaría al Gobierno mexicano a buscar nuevas exenciones.
Ebrard pretende llegar a Washington con el panorama completo: saber qué productos serán gravados, qué fundamento utilizará Estados Unidos y cuáles son los sectores que México deberá defender.
La expectativa se concentra ahora en la primera semana de agosto. Hasta que la USTR publique su decisión, los nuevos aranceles permanecen como una posibilidad anticipada por el Gobierno mexicano y no como una medida confirmada.
Con información de la Secretaría de Economía, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y El Informador.






